info@elmundoencatamaran.com
  • French (fr-FR)
  • Español (Formal Internacional) (ES)
Vuelta al mundo en catamarán
  • zarpascatamaranes
  • cata-lagoon
  • Inicio
  • Cuaderno de viaje
  • Recorrido
  • Barcos
  • Tripulación
  • A toda vela
  • Fotos
  • Vídeos
  • Prensa
  • Cuaderno de viaje
    • 2005 España - Senegal
    • 2006 Brasil - Amazonas
    • 2006 - 2007 Caribe, Venezuela - Antillas
    • 2007 - 2008 Caribe, Antillas - Panamá
    • 2008 Islas del Pacífico
    • 2009 Australia- Nueva Zelanda
    • 2009 Sudeste Asiático
    • 2010 Océano Índico - Mar Rojo
    • 2010 Mediterráneo - Vuelta a casa
      • Asia Menor, vulgarmente conocida como Turquía
      • Kalimera República Helénica
      • En tierra de bizantinos
      • Las islas del Tirreno
      • ¡Estamos en casa!

¡Estamos en casa!

A la voz de ¡TIERRA!, fuera lo que fuese lo que estaba haciendo dejó de tener importancia para mí. Muchas veces había oído ese grito durante los últimos cinco años, pero esta no era una escala cualquiera era MI TIERRA, MI HOGAR, MI ESPAÑA QUERIDA. La isla de Ibiza se divisaba ya en la lontananza.

Dejamos caer el ancla en Cala Talamanca, no era la primera vez que estábamos allí, pero sí la más especial, seguramente éramos nosotros los únicos en todo el fondeadero que lo habíamos comprobado personalmente: “La tierra es redonda”. Me moría de ganas por pisar suelo nacional, pero no sin antes realizar unas cuantas llamadas: -Hola, soy yo, estamos en España-. Una vez, y otra, y otra más.

Lo primero que hicimos fue tomarnos un Riberita del Duero con unos montaditos. ¡Esto sí que son tapas!. Y lo segundo (aunque esto sólo yo) comprar unos “trapitos” de invierno.

IbizaIbiza

Durante unos cuantos días iba por la calle como una boba, me daba la impresión de que todo el que hablaba en español se dirigía a mí, me giraba como si realmente hubiera sido interpelada y me quedaba mirando fijamente, sonriendo y escuchando las conversaciones ajenas con un descaro absoluto. –¿Qué le pasa a esta imbécil?- debía de pensar la gente, pero a mi me daba igual. Salvo contadas excepciones no habíamos tenido muchas oportunidades de utilizar la lengua madre desde que en marzo de 2008 dejamos atrás el Archipiélago de Galápagos, y con él todo lo hispano. A no ser que contemos la asquerosa salchicha “tipo español” que compramos una vez en Australia, que como la habían teñido de rojo debían pensar que era un chorizo… pero esa es otra historia.

Tenemos un tripulante que embarcar en Alicante, Jesús, que había zarpado con nosotros de Vigo y navegado hasta el Algarve compartiendo el inicio de esta aventura cinco años atrás, y que será el primero en recibirnos ahora en la península. Y tras él -un par de días después- Manolo y Valentín se unirían a la dotación en Cartagena. ¡Qué alegría da volver a estar entre amigos!. Aunque podía haber venido alguna chica para igualar un poco la cosa, no es que me queje, me cumplieron todos los caprichos (entiéndase jamoncito y gazpacho para desayunar, almorzar y cenar, e incluso de postre), y se ocuparon a la perfección de todas las tareas de marinería.

LevanteLevante

Una vez desembarcados los chicos seguimos tranquilamente haciendo un poco de “turismo náutico”, aunque no se si más bien debería decir “feísmo náutico”, nos quedamos espeluznados al contemplar en qué han convertido a base de ladrillo la costa sur española. Empezamos a percibir la Nueva España que nos vamos a encontrar, éste es sólo el primer bofetón.

Disfrutamos nuevamente de Santi Petri y de Cádiz, así como de algunos de los bellísimos fondeos de la provincia de Huelva, y por fin en Ayamonte recibimos a bordo a nuestros queridos amigos Patricia y Jean Marc, del catamarán “Amarillys”, con los que tantas millas compartimos entre 2005 y 2008. Ya os había contado que en Tahití nos separamos porque ellos ya no podían navegar más que 6 meses al año, y nosotros debíamos continuar. Hoy, tras haber dejado su barco varado en Australia, vuelan a Sevilla para acompañarnos en el último tramo de nuestro viaje.

LevanteLevanteCádizLevanteCádiz

Algarve

Ejercimos de perfectos anfitriones, y es que aunque falar galego no ayuda mucho en algunas poblaciones del sur de Portugal -tomado literalmente por los extranjeros-, aún conocemos lugares que se les escapan, pequeñas bahías en las que no se puede aparcar el coche a pie de playa y genuinos restaurantes de “Peixe e marisco” dónde el arroz caldoso y el bacalao a la brasa no entienden de modernidad.

No faltó una anécdota que bien podría haber sido un susto gordo. Fondeamos en la entrada de la bahía de Faro y bajamos a cenar a Illa Culatra, y a nuestro regreso nos habían robado el depósito de gasolina de la neumática, de no haber sido por “el bolsito de la Barbi” -como llamábamos a un mini bidoncito que llevábamos siempre de reserva- con la fortísima corriente que había no hubiésemos conseguido volver a bordo remando, y a buen seguro habríamos pasado la noche al raso en la playa. ¿Cómo puede ser que demos la vuelta al mundo y justo en la puerta de casa nos pase algo así?. Algo que ni en los países más pobres hemos oído ni conocido.

Algarve

Faro de illa Culatra

Alvor

Marea baja en Alvor

En esta época en que el “Alisio portugués” está establecido, si las condiciones abren una ventanita para aquellos que necesitan remontar (como era nuestro caso) no hay que dudarlo, los vientos predominantes son contrarios y las oportunidades de tener buenas condiciones para navegar hacia el Norte no abundan y suelen perdurar poco. Durante 3 días tenemos la meteo garantizada, navegaremos sin escalas hasta las Rías Gallegas.

La travesía fue buena y rápida, y nuevamente nos ocurre una historieta improbable que viene a engrosar la lista de lo que nunca nos había pasado. Navegando a la altura de Oporto pescamos, hasta ahí todo normal, pero cuando el Capi está a punto de remontar la presa se apercibe de que se trata de un tiburón. –¡NO, esto no es posible! ¿Y ahora qué hacemos?-. Reducimos trapo al máximo y aflojamos la línea para ver si en una de la violentas sacudidas que da consigue librarse del anzuelo, pero nada, desde el extremo del sedal nos muestra su poderosa mandíbula –Parece cabreado, mejor cortar y que se vaya con el señuelo- opino yo. Pero los chicos optan por intentar remontarlo, y provistos de unos gruesos guantes de malla inmovilizar el metro y mucho de bicho y sacarle el gancho con un alicates. Lo más pasmoso es que lo consiguen, aunque a mí muy inmovilizado no me parecía.

faro de San VicenteAlgarve

Desplegada a lo lejos se dibuja ya la ciudad, estoy de nuevo en mi pequeña Ría querida, resguardada y acogedora.  Pasamos primero por la playa, atestada como es natural en esta época del año, y un poco más adelante el puerto que ahora dormita pero en pocas horas bullirá con el trajín de las descargas de la jornada. Los nervios me pinzan el estómago como durante los primeros días de mar, me siento ansiosa e inquieta pero profundamente melancólica a la vez. Quiero encontrarme todo tal y como lo dejé cinco años atrás, aunque se que no podrá ser.

Islas Cíes

Y por fin, ese mar de rostros queridos y largamente añorados cobra vida en la punta del espigón del Real Club Náutico de Vigo.

VigoVigoVigo

Ni vanidad ni egocentrismo tienen nada que ver en esta iniciativa que ahora concluye felizmente, es tan solo el alma del marino, la irrefrenable atracción por el océano y esa forma en que las olas brillan en sus pupilas.

Yo por mi parte soy una privilegiada -aunque en ocasiones me haya sentido como una condenada a muerte- y sólo puedo vanagloriarme de haber dicho SI, es mi único triunfo en este proyecto todo lo demás le pertenece a él. Yo me he aprovechado de la oportunidad y ahora poseo un inmenso tesoro, tengo un cofre repleto de pedazos de mundo, vivencias, y experiencias sin igual.

FIN

Tweet
Publicado en 2010 Mediterráneo - Vuelta a casa
Más en esta categoría: « Las islas del Tirreno
volver arriba

diseño: ALLTOGETHER Design & More