Los chicos no las tienen todas consigo para salir del Peloponeso, durante varios días ciñen como locos con viento de 35 nudos sin apenas avanzar, así que deciden refugiarse en puerto y esperar mejores condiciones. Pasan varios días, el viento no cambia de dirección ni hay previsión de que vaya a hacerlo pero cae bastante, lo que les permite avanzar a motor casi hasta Mesina.
Palermo
Yo por mi parte aprovecho estos días en tierra firme para recorrer kilómetros de asfalto y dormir a pierna suelta. ¿Guardias? ¡Qué es eso!
El sol pega fuerte, no obstante me instalo en la tribuna del Bus turístico y me dejo llevar por las ruidosas calles de la ciudad que se encuentran sometidas a un colapso casi permanente lo cual me procura tiempo para observar todas las fachadas artísticas (que no son pocas) y decidir dónde quiero apearme y dónde no. La riqueza arquitectónica de la capital siciliana es conocida por todos, pero su catedral no tiene para mí parangón. La mayoría de templos católicos son molotes cuadrados llenos de torres que se alzan ante ti con la clara intención de hacerte sentir insignificante pero ésta no, la Catedral de Palermo con su estética apaisada te acoge en un palmeral tras el que sobresale el pórtico de tres arcos que te invita a traspasar sus muros. Tiene planta de cruz dividida en tres naves que albergan a su vez varias capillas, las más notoria es sin duda la del Sacramento, decorada con lapislázuli y piedras preciosas.

Se impone un poco de shopping dado que acaban de empezar las rebajas pero creo que mi mente, y sobre todo mi bolsillo, aún no se han adaptado a los precios europeos. -¿Dónde quedan mis mercadillos asiáticos? ¿Qué hay del regateo egipcio?-. De todas formas me hago con un bonito par de sandalias ¡Ya ni recordaba lo que es parecer una señorita subida a unos tacones!. Y bamboleándome sobre ellos me dirijo a visitar la exposición de marionetas de la “Opera dei pupi”.


Por fin contactan los navegantes, me habían encargado que echara un vistazo a los fondeos recomendados y muy poco tiempo me llevó decidirme por Cefalù, le facilité las coordenadas al Capi y tras una breve consulta a la carta estuvo de acuerdo. –Nosotros ya hemos cruzado el Estrecho de Mesina- me dijo. –Vale, yo tengo un tren por las mañanas que me deja en el pueblo– respondí. Y al día siguiente almorzábamos juntos unos Ravioli al Pesto.

Los navegantes disfrutando de ese merecido helado
Cefalù
A orillas del Tirreno, en la cara norte de Sicilia se asienta la antigua y encantadora Cefalù, el Corso Ruggero es la vía principal del casco viejo, que marcaba los límites de la ciudad durante la Edad Media y que se ha convertido actualmente en la calle más transitada. En ambas aceras se suceden iglesias barrocas y palacios nobles entremezclados con tiendas de moda, queserías y bodeguillas. En la plaza principal destaca la catedral, de exquisita arquitectura y provista de una pátina de antigüedad que la distancia de las demás construcciones, más raídas y desvencijadas.


Su población se multiplica en verano como en tantos tranquilos pueblos pesqueros de la costa que parecen sacudirse la pereza durante estos meses en que las playas están repletas y bares y restaurantes hacen su correspondiente agosto. Nosotros nos sumamos a la vorágine de veraneantes que transita sin rumbo y hacemos panda con una pareja española que hemos conocido en el fondeo por la mañana a bordo de su velero "Oxalá", cenamos juntos y compartimos anécdotas hasta altas horas. Fue verdaderamente un encuentro muy agradable.


Castellemare
En la resguardada bahía de la punta Oeste justo antes del Cabo San Vito se encuentra nuestra última escala siciliana, aquí se desembarca el Barbas que vuelve a casa vía Palermo, aunque aún tuvimos tiempo de compartir con él (que es muy futbolero) la semifinal Alemania-España del Mundial de Sudáfrica, los chicos lo pasaron pipa, yo me dediqué más a la pizza aprovechando que estaban despistados, pero supongo que no era para menos su algarabía porque según decía la prensa del lugar al día siguiente: "España alcanzó la final en uno de los mejores partidos de toda su historia".
Esta antigua fortaleza naval -pequeña localidad de la provincia de Trapani- dedicada hoy a la pesca y al turismo nos atrapa en todos los sentidos. Castellemare cuenta con dos extensísimas playas atiborradas de sombrillas y cuerpos tendidos al sol, y en la pequeña península que las separa se alza el castillo que es lo primero que se ve según se enfila la ensenada. Una maravilla.




Las malas lenguas dicen que es tristemente famosa por haber estado muy vinculada a la mafia estadounidense. -¿Eh? ¿pero no era la mafia siciliana la que se instalaba en EEUU?-. No entiendo nada, pero por si acaso me abstengo de preguntar no vaya a ser que provoque alguna suspicacia… Aunque el nombre de los capos me hace pensar que lo único Norteamericano que tenían era el pasaporte.
Sicilia-Cerdeña, 170 millas, "unha carreriña de can", y aunque no había mucho viento el Capi se encargó de gestionarlo bien así que la travesía resultó grata y relajada.
Costeamos tranquilamente el sur de Cerdeña durante unos días perdiéndonos en sus playas más salvajes, no es inusual ver varadas en ellas pequeñas embarcaciones que sin duda llegan de la desdichada África y es inevitable preguntarte -¿Qué haríamos si una pequeña patera de estas repleta de gente se cruza en nuestro camino demandando auxilio?-. No ha sido el caso hasta ahora pero mientras recorríamos las 400 millas que nos separaban de Ibiza, en dos ocasiones oímos por la emisora llamadas de socorro.
- Pequeña embarcación con 40 personas a bordo, un día.
- Barcaza a la deriva con al menos 25 tripulantes, otro día.


San Pietro
Último puerto en el extranjero, la única localidad existente en esta pequeña isla al suroeste de Cerdeña es Carloforte y cuenta con la peculiaridad de que sus primeros inquilinos eran pescadores procedentes de la española isla de Tabarca, aunque en aquellos tiempos pertenecía a Túnez, puede que por eso conserven aún un dialecto propio que nada tiene que ver con el resto del país. Aquí vimos y vivimos el partido de la final del Mundial, el gol de España en la prórroga y la decepción de los holandeses. En ese momento me pareció que todos hablaban “dialecto español”.



Hay una bonita excursión que hacer hasta el faro, ya quedan pocos fareros que velen con nosotros en las solitarias noches de guardia, pero yo no puedo evitar inventar una tierna historia cuando diviso su intermitente haz de luz en la costa, en la punta de un cabo, en una pequeña isla, por eso me gusta rendirles homenaje visitando sus torreones siempre que tengo ocasión. Nos quedamos allí largo rato disfrutando del atardecer tibio y acariciador, y en medio de tanta paz se diría que el mundo está bien hecho.
Hasta aquí las noticias, muchos besos y ahora sí ¡Hasta pronto!


