Nuestra veleta no sabe ni lo que debe señalar, los vientos son engañosos y variables y la hacen loquear -así es el Mediterráneo- un mar imprevisible y caprichoso al que le gusta hacer jugarretas a los navegantes y poner a prueba su paciencia, y con la mía no hay que esforzarse mucho. Izamos la Mayor y se desatan 30 nudos, tomamos un rizo y no es suficiente. -Hay que reducir más trapo, el viento sigue subiendo-. Segundo rizo, enrollamos medio Génova, tres cuartos. Y el viento cae a 8 nudos, nos detenemos de repente. -Tenemos que largar los rizos y cambiar el Génova por el Genaker, o no nos moveremos del sitio-. Y con este panorama pin-pan, pin-pon hacemos ruta SW ignorando el Canal de Corinto para explorar la olvidada Península del Peloponeso.
La postal de los pueblos del norte de esta región no difiere mucho de las Cíclades si bien poco a poco conforme avanzamos hacia el sur se va difuminando cada vez más la estética de blancos y azules hasta mutar definitivamente en construcciones de piedra al más puro estilo medieval.






Ydra
Todavía Grecia nos reservaba muchas y deliciosas sorpresas, isla Ydra era una de ellas, y la inexistencia de tráfico rodado uno de sus principales encantos. Sólo hay un camión de servicio municipal y el resto del transporte se sigue haciendo a lomos de burros o por vía marítima con el servicio de "taxi-boat". Esa fue la gran suerte del felinus vulgaris con el que nos topamos una mañana. Después de tantos encuentros con todo tipo de fauna salvaje e incluso letal, resulta que la anécdota más peculiar tiene como protagonista a un gato silvestre corriente y moliente. Caminábamos desde la bahía en la que estábamos fondeados por el sendero que une ésta con la "urbe" y de pronto un gatito muy simpático llama nuestra atención, se le ha ocurrido la payasada de meter la cabeza dentro de una lata. -Debe querer dormir tranquilo- nos dijimos. Pero inmediatamente observamos que respiraba como si el aire fuese una oferta temporal ¡Y es que lo era! el pobre bicho estaba consumiendo sus siete vidas en una. Los chicos se disponen a llevar a cabo su buena obra del día, mientras Fran lo sujeta firmemente el Barbas va tirándole del pellejo hasta conseguir que salga una oreja toda rasguñada, la segunda fue mejor (y entera) y lanzando zarpazos y bocados Espiri González desaparece. Ni siquiera tuvimos tiempo de preguntarle cuál era el delicioso manjar que escondía ese anónimo bote.





El paisaje continúa siendo agreste, árido y cada vez más despoblado. Seguimos rumbo sur, extensas colinas erosionadas y rojizas sin apenas vida, pequeñas montañas milenarias que esconden en sus grietas historias y leyendas nunca relatadas. Y así llegamos a nuestro siguiente asombro.
Monemvassia
Avistar Monemvassia es uno de esos privilegios reservados a los marinos, gratificante recompensa tras una dura travesía. Creo que si descontamos la entrada en Salvador de Bahía y en Cartagena de Indias, ésta es la más bella de las arribadas que hemos hecho. Un impresionante peñón alberga en su base un pueblo completamente amurallado a pie de mar, y en lo alto un monasterio y las ruinas de lo que sin duda fue una grandiosa fortificación bizantina dominan el horizonte. Es una visión absolutamente imponente.

Perfectamente blindado y situado en la ruta comercial de Constantinopla, fue siempre un punto muy ambicionado por razones evidentes ¿O no tan evidentes?, parece ser que lo que ansiaban los ingleses era su "blanco de alta graduación", el vino de Malvasía se exportaba a las islas británicas a razón de toneladas de toneles por año. Tan codiciado era que cuando el duque de Clerence fue condenado a muerte (1477) por su hermano Eduardo IV pidió ser "Ahogado en un barril de malvasía", y así se hizo.¡Lo bien que se habrá conservado su cadáver con tanto alcohol!. ¿Y qué me decís de los gusanos que hayan dado cuenta de él? Menudas juergas, hileras de orugas haciendo eses por el camposanto adelante, delirante. Seguro que más de uno habrá terminado en coma etílico.

Península de Maní
Un día decidimos alquilar un coche para recorrer un poco la región sur del Peloponeso, realmente lejos de todos los circuitos típicos vacacionales, así que a pesar del fortísimo calor nos vamos a hacer un tour. Llama la atención el método de construcción tradicional, que tenía un claro objetivo defensivo, multitud de torreones angostos y con apenas una o dos ventanitas en la parte más alta no eran sino las tristes viviendas fortificadas de los lugareños, con frecuencia tan mal avenidos que optaban por no tentar al vecino con la más mínima concesión. No fuese a ser... Interminables pedregales ásperos y povorientos poblados ya sólo por chumberas y olivos cuentan con estrechos senderos en los que con el paso del tiempo han ido marcando su huella las cabras y mulas que transitan por el lugar. Otro bichito habitual de la zona -y mucho más incómodo- es la cigarra que nos machaca con su griterío cual patio de colegio durante la hora del recreo.



La visita a las Grutas de Dirou pone el toque de frescor a la jornada, se trata de un grupo de laberínticas cuevas marinas con estalactitas y estalacmitas que se recorren en su gran mayoría en barca.
El extremo más meridional es la llamada "Puerta de Hades" en la punta del Cabo Ténaro y donde la mitología sitúa el final de la tierra, la frontera con ese mundo subterráneo visitado por tantos de sus héroes, Hércules la traspasó para batirse con el guardián, Teseo y Pirítoo en su intento de raptar a Perséfone, Eufemo caminó sobre sus aguas... Nosotros, mucho más mortales que ellos, vamos a ser prudentes y dar media vuelta tras haber inmortalizado sus colosales acantilados. ¡Piedras gloriosas, invocación de héroes, añoranza de dioses!.


Al día siguiente el Capi se va de pesca y Barbas se apunta como lanchero. Antes de que salgan les advierto:
-Que sean cuatro raciones máximo, que aún tenemos la nevera llena-.
-Vale, vale- (o lo que es lo mismo "no te escucho, cucurucho").
El tiro fue limpio, le atravesó el ojo izquierdo. -¿Qué vamos a hacer con 40 kg de pescado?-. Un lugareño que zurcía redes en su barca se ofreció a llamar a su cuñado que tenía un restaurante y pagaría bien la captura, -la serviola se cotiza mucho- nos dijo. El cuñado llenó su arcón congelador de peixe y nosotros nuestra bodega de "Malvasía". Todos contentos.



El parte para la travesía hasta Sicilia no augura mucho confort, Chon debe regresar a Vigo pero a Miguel -pobre jubileta- las vacaciones le han sabido a poco. Ésta es la mía: -Pues nada Barbas, te vas con el Capi en el Zarpas y yo os espero en Palermo-.
Nadie reaccionó lo suficientemente rápido, me afané presurosa en concluir una improvisada maleta y me colé en el taxi de Chon rumbo al aeropuerto. Y así fue como conseguí unos días de soledad y tierra firme, aún encima llegué justo para las rebajas…, y para visitar una peculiar muestras de marionetas del mundo en la que destacaban, como no, los pupis sicilianos.
Saludos, besos y muchos recuerdos, Fran y Eva.
















