Recuperado el aliento entramos en el puerto de Adén (Yemen) con ganas de descansar y machacar un poco los zapatos, pero no vamos a tener suerte. En inmigración nos retienen los pasaportes y nos conceden un plazo de 72 horas, si queremos prorrogarlo debemos solicitar un visado. Nos aconsejan que no vayamos caminando más allá de los alrededores del barrio portuario y que negociemos con alguno de los múltiples chóferes que te ofrecen sus servicios apenas pones un pie en la calle.
Adén
La ciudad se diría que acaba de ser asolada por un intenso conflicto bélico, los coches circulan rápido y no se detienen hasta llegar a su destino si no es imprescindible. Debemos comprar aceite para los motores, el taxi (por llamarle algo) nos deja en la puerta de un decadente negocio que “desluce” en su escaparate polvorientas máscaras de buceo, planchas de segunda mano, sellos, y cámaras fotográficas de esas de “mira el pajarito”. Un desconchado cartel indica que es Distribuidor Total, estamos en el buen sitio. ¿O no? Viendo la disparidad de mercancías del lugar le pregunto al buen hombre que lo regenta si puede conseguirme un puñal típico yemenita, de esos curvos con la funda decorada con filigranas. No tiene, se lamenta mucho y acto seguido baja la voz y nos hace señas para que le sigamos a la trastienda, parece que puede ofrecernos otra cosa. Rebusca en su turbante hasta dar con una llave y abre el tambaleante armario que tiene a su espalda. Una desmesurada pila de pistolas, metralletas, escopetas y yo que se qué más llenan los desvencijados estantes. Se vuelve risueño y orgulloso:
-Soy un comerciante serio, respetado y conocido en toda la ciudad, mi género es de primera calidad-.
Coge una maleta negra y la abre sobre la mesa, los Capis ponen los ojos como platos y exclaman casi a coro
-¡¡Ah, Si hubiéramos tenido esto con nosotros hace una semana!!-.
Un reluciente Kalasnikov era la propuesta de este señor, según él mucho más eficaz que el puñal que yo buscaba.



En Sana'a -la capital de Yemen- se entierran las raíces del judaísmo, cristianismo, y por supuesto del Islam en un marco incomparable repleto de majestuosas torres-vivienda que han llevado a la Unesco a designarla "Capital cultural del mundo árabe" en el 2004. Ya que estamos aquí merece la pena solicitar el visado y hacernos una escapadita, pero nuevamente chocamos contra un muro. Desde hace algunos meses han percibido un rebrote de Al-Q-Aida que se está fortaleciendo seriamente en el país, en las últimas semanas varios lugares con intereses turísticos han sufrido atentados. ¿Cuándo terminará tanta inquina? Visado denegado. Nuestro gozo en un pozo.
Yemen es uno de los más antiguos centros de la civilización, con una historia que se remonta a hace 4.000 años. Durante el primer milenio A.C. despuntó y prosperó gracias al comercio de mirra e incienso.¿Y qué decir de su segunda época dorada, del Reino de Saba, de su divina reina, y del gran poderío que le concedió el monopolio del tráfico de especias, gracias a su situación estratégica entre la India y el Mediterráneo? No en vano la región era conocida como “Arabia Felix”. Paradójicamente hoy es el más pobre de todos los países árabes, con una renta per cápita que no alcanza los 500€ anuales. Se evaden mascando Qat, una planta estimulante exclusiva de Yemen -y por supuesto reservada a los hombres-. Toman grandes puñados de estas hojas y las mantienen en la boca a modo de flemón hasta que se convierte en una especie de pasta que resulta bastante desagradable a la vista, como si tuvieran el carrillo y los dientes llenos de wasabi. Dejamos Adén con un sentimiento de tristeza y desilusión, sólo hemos encontrado amabilidad y buena acogida, y nos hubiera gustado que las circunstancias del país fueran otras para poder conocerlo mejor. Lo pongo en la lista de asignaturas pendientes.
Una ola larga, alta y sinuosa nos empuja, tendremos viento moderado de popa para nuestro estreno en el Mar Rojo. Sabemos que no va a durar mucho, su reputación no es buena y se la tiene bien ganada. Pocas horas después de rebasar el Estrecho de Bab el Mandeb el mar se encrespa y aumenta el viento, -Esto tiene traza de ir a cambiar- sentencia el Capi. Nos mantendremos hasta Suez en la orilla W ya que la costa de Arabia Saudí nos está rigurosamente prohibida, así pues, reducimos trapo, abatimos un poco el rumbo a babor y nos preparamos para lo que pueda venir.
Un par de barquitas de pesca ocupan la diminuta playa frente a la que fondeamos, en la punta las olas rompen furiosas sobre el arrecife y nos preguntamos cómo se las ingenian para trasegar sus embarcaciones los días en los que el mar esté simplemente un poquito más rudo.



Nosotros no lo hemos conseguido, el viento es tan fuerte y la ola tan brava que ni siquiera podemos poner el chinchorro en el agua, las olas lo sacuden violentamente ya aquí, ¿cómo haríamos para desembarcar en la orilla?. La playa se extiende frente a nosotros, brillante, dorada, serena… e inabordable. Plan B, lanzamos el aro salvavidas atado a un cabo para bañarnos en la popa, pero… ¡Uy, el agua está helada! 22 miserables grados, ¿quién puede soportarlo? Esto no es para cristianos.
Eritrea
Si naces en Eritrea tu suerte está echada. ¡Con qué frecuencia nos olvidamos de lo afortunados que somos por este simple detalle: Lugar de nacimiento!. Su larguísima guerra de independencia contra Etiopía les ha sumido en la miseria absoluta, y casi veinte años después no han conseguido levantar cabeza. Donde quiera que mires todo está sucio, polvoriento y abandonado. Viven sin ilusión, muchos de ellos en campamentos provisionales, todos los esfuerzos se ciñen al presente, seguramente por la certeza de lo crudo que tienen vivir un futuro del tipo que sea. No sufren de depresión, ni de estrés, ni de ninguno de los males que aquejan a la población de los países desarrollados. Sus estómagos están vacíos y la necesidad de subsistir y alimentar a los suyos les obliga a seguir adelante, casi todos los productos envasados que hemos encontrado están caducados hace tiempo pero el que se puede permitir pagarlos se siente muy pero que muy dichoso.


Ahora que los días eran ya más largos debemos cambiar de nuevo la hora, tengo la sensación de que desde hace semanas retrasamos el reloj 10 minutos cada día, ya sólo tenemos una hora de diferencia con España mientras que en Navidad teníamos 6h.
Mar Rojo
Las navegaciones nocturnas por este pasillo de arrecifes de coral resultan un poco peliagudas, las cartas son erróneas y según la pantalla nos desplazamos por encima de las piedras, pero no podemos elegir, la meteo no es siempre buena y tenemos que aprovechar cuando nos da un respiro. El fantasma de la noche llega sin avisar y se instala con tal rapidez que los islotes desaparecen engullidos por una oleada de oscuridad, queda el rumor del mar como música fondo recordándonos la proximidad de la costa, lo cual no invita precisamente al relax. Es de nuevo la fauna submarina la que pone la nota positiva, la fluorescencia del agua es tan intensa que se dibujan las estelas de los peces que pasan, en ocasiones bancos enteros que dan la impresión de un enrevesado tubo de neón arrastrado por el fondo. Nunca habíamos visto nada igual. Es genial, cinco años después aún tenemos el privilegio de vivir con sorpresa nuevas experiencias.
Estamos a pocas millas de Marsa Khor Nawarat, el parte indica que el viento se refuerza y pasa de nuevo al Norte en las próximas horas, así que entraremos allí a resguardarnos. Las Marsas son pequeñas bahías protegidas de los vehementes vientos de la zona gracias a las barreras de coral, que cortan la ola. Hay muchas a lo largo de toda la costa africana y gracias a ellas remontar este maldito mar de soplido permanentemente contrario se vuelve más llevadero. Una racha ruidosa y brutal irrumpe de pronto y nos deja fuerza 7 establecida durante otras 48 horas, estamos contentos de encontrarnos al abrigo, no obstante Fran y Danilo deciden ir a la pescadería de sotavento y regresan con una buena compra.

cabos poleas y todo lo demás, asqueroso

El horizonte está velado por una sempiterna banda nebulosa y sonrosada provocada por el calor y la arena que nos envía el desierto, “infelizmente” no sólo afecta al paisaje, el barco entero y su tripulación “somos polvo” , podríamos plantar patatas en la cubierta. El desagüe tras la ducha parece evacuar el aclarado de un tinte de pelo color naranja fantasía. Ahora ya sabemos por qué se llama Rojo.
Sudán
La llegada al fondeo de Suakin –en Sudán- entre las ruinas de la antigua ciudad es turbadora, restos abandonados, sacudidos por la intemperie y entregados al olvido ignorando el poderío que en otro tiempo los había convertido en el centro de una cultura y la razón de ser de un pueblo. Nos adentramos en “la ciudad” y la visión continúa siendo insólita, tengo la impresión de que Don Quijote va a abordarme en cualquier momento. La calle principal discurre entre fachadas derruidas que guardan en sus entrañas los agujeros producidos por las balas y explosiones que las hicieron caer. Y sin embargo todavía consiguen transmitir parte de la elegancia de la rica arquitectura que un día poseyeron. Por desgracia nadie se plantea reconstruirla, carecen de medios y sobre todo albergan la sospecha de que existen muchas posibilidades de que se la vuelvan a arrasar. El futuro es incierto, así que han levantado a algunos centenares de metros sus nuevas viviendas, chabolas de tablones y uralitas, ¡Qué pena!.
Los sudaneses viven un poco mejor -lo cual no es muy difícil-. La chavalada ríe, corretea y juega entre los cascajos y las cacas de camello, los hombres en su línea, a la sombra, y las mujeres, aunque continúan muy cubiertas, se atreven con alegres colores e incluso algún estampado. Me pregunto si tanto velo no obedecerá más bien a una razón práctica dado el ambiente polvoriento y el hiriente sol que les azuza, que a una cuestión religiosa. Sea como fuere la mezquita es la única construcción que ha sido recuperada, y para nuestra desgracia funciona en todos sus horarios. Un almuecín muy devoto nos anuncia, con fervor desafinado y distorsionado por unos altavoces que parecen perecer, que son las cuatro de la mañana.
Calles de tierra batida que probablemente nunca serán terminadas, llenas de baches y socavones a veces insalvables no suponen un impedimento para que su día a día se desarrolle con normalidad, la mayor parte del transporte se hace en carros tirados por burritos, así se afronta cada mañana el servicio de agua, panadería, y todo tipo de suministros.
cabeza de cabra, oferta de la carnicería


la panadería más sofisticada
el top de las reparaciones
el aguador y su burrito
Ahora veremos qué nos depara Egipto, el primer contacto tengo que decir que ha sido muy positivo, otra vez amenazados por las malas condiciones y el viento de proa nos refugiamos en una Marsa, nos creíamos aún en territorio sudanés pero resultó ser zona fronteriza con Egipto y territorio militar de éstos. No tenemos autorización para bajar a tierra, ni siquiera podemos bañarnos al lado del barco, pero eso sí, nos han regalado unos sacos de cereales, y a la mañana siguiente -que seguíamos con Norte de fuerza 6- vimos salir el camión militar temprano, regresó a medio día con un variado de fruta para nosotros. Militares y egipcios ¿Se podría esperar más gentileza?.
Aquí terminan nuestras historietas arábigo-africanas. Hasta pronto, Eva y Fran


