Las 1.200 millas que debemos recorrer para cruzar el Golfo de Bengala y alcanzar la costa sur Sri Lanka vamos a hacerlas, excepcionalmente, con tripulación. Cuando en agosto de 2005 nos despedimos de Víctor en Cádiz tras unos días de navegación por la costa portuguesa, nos amenazó con sumarse a una travesía a bordo de "Zarpas" antes de que éste estuviera de vuelta en Vigo. Y aquí está, acompañado de su amigo Santi y de la guitarra de éste (que nos amenizó no pocas soirées), se enrolan la víspera de Noche Buena en el puerto de Chalog Bay. Pasamos la Navidad en una playa de la costa oeste de la ya mencionada isla de Phuket y el día 26 zarpamos hacia las islas Similán donde paramos de ilegales y nos pasamos un par de días buceando en busca de su habitante más pintoresco, el tiburón ballena, que por descontado se encontraba pasando las Fiestas en algún otro lugar.
La travesía fue buena, sólo nos cruzamos algunos barcos la primera noche, el resto de los días se diría que existíamos sólo nosotros, una descomunal luna -llena el día 31- que lo inundaba todo, y por supuesto la pesca, un cómputo total de 9 bonitos, dos enormes peces espada que dejamos marchar, y dos carángidos que también liberamos (y es que nos hemos vuelto muy exquisitos).


Da gusto tener un poco de ayuda, creo yo, las guardias se reducen de 6 horas a 3, tengo alguien sobre quién mandar, gano a las cartas, y además me llaman "Capitana" ¡Qué majos, enseguida aprendieron quién les da de comer!. El Capi también está contento, aunque cuando el de Alcorcón confundió el fondo con el suelo, y llamó cuerdas a los cabos pensé que le iba a dar un ataque de algo.
Sri Lanka
Avistamos Sri Lanka siete días después. La entrada en el puerto está prohibida durante la noche, y cómo no, llegamos de noche -cerca de las tres de la mañana- así que el Capi decidió buscar un rincón para dormir (ilegales otra vez) hasta el amanecer. Están saliendo de una larga guerra y las precauciones son altas, nos dan acogida en un puerto militar donde pueden albergar sin mayores problemas mercantes o pesqueros, pero que no está en absoluto preparado para recibir yates, se justifican diciendo que el tsunami 2004 arrasó sus instalaciones… Si es que algún día las hubo, desde luego no queda rastro de ellas.
Servicios de Aduanas, Inmigración y Salud Pública suben a bordo; en la mayor parte de los países es obligación del capitán acudir a todas estas oficinas, pero los estados más pobres se pirran por visitar los barcos, curiosearlo todo, pedir regalos y hacer fotografías por doquier. Yo me pongo de los pelos cuando los veo con esos zapatones de suela negra pisoteándolo todo, pero hay que aguantarse.
En este caso venían provistos de un cuestionario novedoso y sorprendente para nosotros, ¡cómo puede ser que hayamos llegado hasta aquí sin enfrentarnos nunca a estas preguntas!:
- ¿Ha habido alguna defunción durante la travesía?
- ¿Algún tripulante o pasajero está afectado por la peste?
- ¿Han notado una mortalidad anormal entre las ratas de abordo?
Ejem ejem.
Galle

Galle es una sugerente ciudad en la que las vacas se pasean sin estrés ni rumbo fijo entre la basura, los tuc-tuc y los bocinazos, indolentes y resignadas al constante riesgo que corren sus vidas. Desde lo alto del Fuerte construido en el siglo XVI por los portugueses, el dominio de la bahía que abriga el puerto es magnífica y los baños de luz rosados del atardecer destilan un romanticismo casi pegajoso. La torre del reloj sobresale por encima de todos los tejados y construcciones entre las que compiten por despuntar el campanario de una iglesia católica que data de la época de la colonización, una mezquita no muy lucida, y las cúpulas de varios templos budistas diseminados por el centro. Da gusto perderse entre las calles del casco histórico repletas de construcciones coloniales de la época holandesa, tenderetes de té, y comerciantes de gemas y piedras semipreciosas, no en vano Sri Lanka es poseedora de varias minas en las colinas del sur.
zafiro azul de Sri Lanka

Decidimos hacernos una rutilla por tierra los cuatro juntos antes de despedirnos y continuar cada uno su camino. Recurrimos a todos los medios de transportes terrestres, el tren resulta el más seguro y placentero, saltamos en nuestros asientos como palomitas de maíz pero disfrutamos de un paisaje rural completamente embriagador y relajante. Y fue ahí, entre tanto relax, donde Víctor cayó en la cuenta de que llevábamos dos días viviendo con media hora de adelanto. Ya estábamos un poco hartos de que todo el mundo nos diera plantón, no podíamos creernos la informalidad de los srilankeses, ¡ni siquiera el tren salía a su hora! ¿De qué les ha valido la presencia británica? -nos preguntábamos- Pero resultó que éramos nosotros los que habíamos retrasado los relojes más de la cuenta, menos mal que íbamos por delante porque si no hubiésemos perdido el único tren del día (que por cierto salió y llegó con puntualidad británica).
El templo de Dambula
Polonnaruwa, patrimonio de la UNESCO
El templo de Dambula, excavado en la roca de una montaña
Una borrachera de budas se multiplican y desdoblan a nuestro alrededor haciéndonos sentir al borde del mareo. Entre el árbol bajo el que Buda "se iluminó", el templo que guarda su clavícula derecha, el otro que conserva uno de sus dientes, el monte en el que dejó impresa su huella etc, etc, etc, podríamos no abandonar los templos en varias semanas, pero no tardamos mucho en darnos cuenta de que se trata de un truco, hábilmente urdido, para sacarle las pelas precisamente a los a priori no budistas. Cuando llegas te dirigen a la entrada para turistas -es decir occidentales- donde te encuentras con precios que van desde las 2.600 pesetas (o rupias, vale lo mismo) hasta las 3.500 "a sejún", mientras justo frente a ti, la taquilla para los nacionales exhibe precios de 70 rupias, ¡Ahí es nada!.
Moraleja: Los miedos de los hombres son finalmente los mismos en el Mundo Entero, así como los dioses y divinidades que crean para ahuyentar sus temores y albergar alguna esperanza, sólo que en este caso a nosotros nos resulta carísimo.



Tras más de dos mil años fragmentada en pequeños reinos, los lugares estratégicos de la costa fueron colonizados por Portugal y los Países Bajos a partir del siglo XVI, les interesaba sobremanera el comercio de especias y hacerse con el control del transporte marítimo en la zona, pero el que ocupó finalmente la isla por más largo tiempo fue el Imperio Británico, país del que fue colonia entre 1802-1948. La antigua Ceilán es hoy la República Democrática Socialista de Sri Lanka. Su historia reciente (las dos últimas décadas) ha estado marcada por un conflicto étnico entre el gobierno nacional y las guerrillas separatistas del norte. En 2002 se acordó entre los bandos en conflicto un alto el fuego pero fue reiteradamente roto por ambas partes. A principios de 2009 el gobierno nacional inició una ofensiva contra los Tigres de Liberación que duró varios meses y finalizó con la aniquilación de la guerrilla y la muerte de sus altos mandos, pero con un altísimo coste de vidas civiles.
Una carreterita vertical y abominable, perdida entre la niebla y las montañas nos conduce hasta Nuwara Elya en la región conocida como "Hill Country", donde se suceden sin fin las plantaciones de té. Los arbustos, podados con esmero, son bajos y fornidos para facilitar la recolección a las mujeres que ataviadas con sus coloridos saris parecen revolotear entre los cultivos. Recogen hoja por hoja -a mano- y las depositan en sus voluminosos costales que llevarán al pesaje al final de cada jornada. Aquí se produce el mejor té del mundo. Su gusto, aroma e incluso color varían dependiendo de la altitud a la que haya sido cultivado y por supuesto del tipo de tierra.
Cada plantación cuenta con viviendas, escuela, dispensario médico y templo. Y buena falta le hace un poquito de apoyo a estas mujeres, que de nuevo son las que trabajan sin tregua en esta región. El domingo es su día libre y lo dedican a trajinar enormes coladas de casa al río y del río a casa. Te las cruzas por los caminos portando sobre la cabeza un enorme barreño metálico al que le tintinean las asas y del que se escapan espumarajos de agua jabonosa provocados por su balanceo al caminar.
té de Ceilán, es una marca registrada




Nuestro recorrido no resultaría completo sin hacer alusión a la incesante guerra de claxonazos directamente ligada al suicida modo de conducción por unas caóticas carreteras estrechas, abarrotadas y no siempre en muy buen estado –se trata de un eufemismo ya que sólo hay una carretera (el resto son caminos) y ningún tramo está dignamente pavimentado-. Si viajar en coche o en tuc-tuc resulta crispante, el autobús no es apto para cardíacos, desvencijados, descompensados y desbordando pasajeros, se lanzan contra quién sea ¡¡ya se apartará!!. Si algún día leéis "se despeña un microbús en Sri Lanka con 89 pasajeros a bordo", no dudéis de que sea cierto.



Dicen que Sri Lanka tiene la fauna más variada del mundo, el 15% del territorio está dedicado a la protección de la naturaleza y de la vida salvaje, cuenta con infinidad de Reservas Naturales, y es sin lugar a dudas el paraíso de los ornitólogos. Pero el dato que realmente llamó mi atención fue saber que el deporte nacional es el voleibol, pese a que lo que se ve practicar cotidianamente es el cricket. Y en la costa sur el salto con pértiga, y si no mirad el arte que tienen estos pescadores y su increíble equilibrio al más puro estilo "palo de gallinero". En cada país que visitamos descubrimos una técnica de captura nueva e ingeniosa que los locales dominan y transmiten de generación en generación. ¡Bravo!.
Víctor, prometedora estrella del cricket

La escala ha merecido la pena, con todas las millas que nos quedan por delante siempre viene bien estirar un poco las piernas. Lo malo han sido las noches, mientras disfrutas del día consigues olvidarte pero cuando llega la noche y hay que enfrentarse de nuevo a los hoteles (hospedaje para viajeros, no para turistas). ¡Madre mía!. Por un lado está la invariable sábana grisácea adornada de melones que nadie se ha molestado en zurcir y por otro las toallas de ducha que como dice el Capi "los trapos que me das para la sala de máquinas parecen nuevos al lado de esto".Bendito pareo, nuca salimos sin él. Y es que los hindúes son bastante guarretes en general, mientras esperamos a que nos sirvan la comida veo los lamparones de los manteles y me digo: ¿lo habrán intentado con una manguera a presión?.
























