Como el cambio de barco nos ha tenido bloqueados en las Antillas más tiempo del previsto, nuestro proyecto de viaje se ha visto alterado. La idea inicial de visitar la República Dominicana y Cuba para llegar a Panamá desde Belice no podemos ya realizarla debido a la proximidad de la época de huracanes, así pues hemos decidido refugiarnos nuevamente en aguas venezolanas, y a pesar de que el presidente Chávez reclame TODO EL MAR CARIBE (supongo que exceptuando Cuba je je) como aguas territoriales del la República Bolivariana de Venezuela, nosotros nos conformaremos con sus archipiélagos “oficiales”, ¡Que no es moco de pavo!, recalando en el continente únicamente para cumplir con la burocracia de salida del país.
Testigos
Primera navegación nocturna con el catamarán, todo perfecto, con apenas 10 miserables nudos avanzábamos a una media de 7.50, no se puede pedir más.
Dejamos caer el ancla en las incomparables aguas del archipiélago de Los Testigos, tranquilo rincón dónde por toda población hay un pequeño destacamento militar y una comunidad integrada únicamente por pescadores que no supera los 120 habitantes que cambian langosta (por supuesto en veda) por cigarrillos o cerveza. Su acogida no nos defraudó, nos dan la bienvenida con dos hermosos pargos rojos recién pescados. Tanto mejor porque nosotros acabamos de pescar dos bonitos durante la travesía y el Capi los va a preparar en conserva de escabeche (Umm qué rica le sale…). ¡Se abre la veda!, aunque parezca increíble hace meses que no probamos el pescado, todos los peces de los arrecifes coralinos tropicales se encuentran afectados por la “ciguatera”, una toxina que se acumula en la cadena alimenticia marina provocando que todos los peces afectados resulten venenosos, y mucho más peligrosos cuanto más grandes. La persona que ingiera un pescado que se alimente en el coral sufrirá una grave intoxicación alimentaria que podría fácilmente conducirla a la muerte.
Nos pasamos el día buceando probando nuestro último juguete, una pequeña cámara digital submarina. Tengo que pedirle disculpas a mi querido amigo Luis ya que es Olympus (la cámara, claro) pero no pudimos encontrarla Nikon.
He aquí una pequeña muestra del resultado:

Coral Hongo
Pez Loro
Atardecer en Testigos
Pero lo mejor de nuestra escala en Los Testigos estaba aún por llegar.
Al atardecer disfrutábamos de una puesta de sol de esas fucsia y violeta que rozan lo hortera cuando se dejan caer dos de los pescadores del lugar en busca de un poco de parleta con la que quebrar su rutina y porqué no, de una cervecita fresca. Terminada la segunda cerveza nos proponen acercarnos hasta la playa que se encuentra al otro lado de la isla, tras las dunas, en la costa del viento, lugar favorito para la puesta de huevos de la tortuga Cardón; ni que decir tiene que no lo dudamos, avisamos a nuestros amigos de “Amaryllis”, y allá nos fuimos.
Todo nos era propicio, el mes de mayo es el de mayor afluencia de tortugas “parturientas”, la noche clara sin una nube, y la enorme luna llena que hace innecesario el uso de la linterna.
Después de un exhaustivo recorrido por la playa sin ningún éxito, y ya un poco descorazonados, la vemos emerger en la orilla; con un diámetro aprox. de 1,50mt, avanza torpemente hasta alcanzar la arena seca. Nos quedamos muy callados y procuramos ponernos a su espalda para no asustarla, ni se inmuta, tiene una tarea mucho más urgente que atender. Una vez localizado el lugar más idóneo comienza la excavación, hace un hoyo de 2x1mt y, agotada ya por este esfuerzo y el calor reinante comienza la puesta, lo único que se oye es su fatigosa respiración y el rumor de las olas. Es un espectáculo único que guardaremos en nuestra memoria largo tiempo.

Una vez que hubo terminado aún quedaba mucho trabajo por hacer para proteger su tesoro, se trata de “jugar al despiste”. Lo primero es cubrir los huevos, que a palmetazo limpio aún duró lo suyo, lo segundo cavar a unos pocos metros otros dos pequeños hoyos, y tercero trazar un circuito de huellas falsas que alejen del nido a posibles intrusos. ¡Todo un arte!
Misión cumplida, ahora exhausta pero feliz, retorna a la orilla y en pocos segundos se sumerge y la hemos perdido ya de vista.
Margarita
Nuestra siguiente escala en Isla Margarita tiene un único y claro objetivo, llenar la despensa y la bodega ya que los precios en las Antillas son exorbitantes. Era un objetivo a priori concreto y fácil pero nunca hay que hacerse ilusiones.
Primer intento, gran supermercado en el que podías encontrar desde aceitunas rellenas “Bulerías” hasta pimentón “Toreador” pero no cerveza, ni huevos, ni azúcar… Aunque eso sí, te trasladan en un autobús enviado por el supermercado y que sale todas las mañanas desde el muelle principal de la isla únicamente con “veleristas”. Cuatro horas después te trae de regreso escoltado por un camión que transporta las compras de todas las tripulaciones en cajas numeradas. Perfecto.
Segundo intento, el caos. Los pañales en la misma estantería que del puré de patatas, la lejía con los cereales, y junto a la fruta el betún para zapatos pero, SI tenían nuestra cerveza preferida y como compramos unas cuantas cajas… realmente ya no habríamos podido cargar con nada más.


Nueve cajitas de cerveza deberían durar hasta Panamá
Tercer y último intento, como siempre, el lugar por el que deberías haber empezado. Allí encontramos todo lo que nos faltaba y mucho más, excelentes quesos italianos y PIPAS, no eran Facundo Extra (a las que ya muchos sabéis que soy adicta) pero pipas al fin y al cabo y a estas alturas no nos vamos a poner tan exigentes ¿no?.
Listo, tras la maratón de supermercados dedicamos un día al Dolce Far Niente.
Blanquilla
A las 5 de la mañana siguiente pusimos rumbo a Blanquilla; era de noche aún y la humedad en el ambiente intensa pero cuando rompió el alba dio paso a un día limpio y claro. Tras 10 horas de plácida navegación llegamos al fondeo, sin novedad y acompañados por el ineludible corrillo de delfines que tanto disfrutan haciendo cabriolas alrededor del barco, sabedores de que serán los protagonistas de nuestra jornada fotográfica.


Según nos contaron los guardacostas de la isla, Blanquilla fue hasta hace unos años un enorme pastoreo que abastecía a Margarita. Cuando el responsable falleció sin sucesor, los pescadores acabaron con las ovejas, cabras, cerdos y demás, dejando únicamente los burros por considerarlos “no comestibles”. Tuvimos ocasión de verlos un día que nos adentramos en la isla, nos observaban entre curiosos y asustados, perplejos por vernos avanzar entre las nubes de cactus que junto con ellos, unas enormes lagartijas negras e infinidad de especies de aves, pueblan el lugar.


Tortuga
Siguiente parada EL PARAISO, a 60 millas de la costa venezolana, rodeada de un mar esmeralda y protegida por enormes barreras de coral se encuentra Isla Tortuga que cuenta, entre otros privilegios, con dos fondeaderos estupendos a resguardo de todos los vientos, Playa Caldera y Cayo Herradura.
Cayo Herradura es la más bonita de las dos con una enorme playa, claro está en forma de herradura, y cuatro pequeñas cabañas de pescadores que procedentes del continente viven aquí durante los cuatro ó cinco meses que dura la campaña, después descansan =tele+cerveza el resto del año.
imposible estar al sol sin camiseta
con Moncho en Nan Fong tras una pescata de langostas
Playa Caldera es algo más pequeña pero mucho más ancha y en ella hemos vivido una experiencia maravillosa. Cuando llegamos había dos barcos fondeados, uno brasileño y el otro español. El propietario de "Drus" es Pedro, un ingeniero barcelonés de 67 años que camino de su 2ª vuelta al mundo conoció a una venezolana y hace ya cuatro años que se pasean por el Caribe arriba y abajo sin ninguna prisa. A bordo de "Bicho Vermelho" una pareja carioca entrañable y divertida que nos presentó a Moncho, un pescador al que podríamos llamar “el dueño de la isla” (aunque la comparte con una pequeña posada de ocho habitaciones). Nos reunimos en la playa para hacer una barbacoa de peixe a la que acudían también Iñaqui y Maribel, un matrimonio venezolano (de padres españoles ambos) que acostumbran a volar en su avioneta hasta la isla cada vez que pueden. Se ofrecieron a hacernos la compra y traerla al día siguiente para que así pudiéramos prolongar nuestra estancia en la isla, fue increíble, por 10.000 Bolívares (34€) servicio a domicilio de kilos y kilos de fruta, carne, criollos, huevos, queso ¡Como reyes!.


La avioneta de Iñaqui
Posada de isla Tortuga
Con mucha pena dejamos Isla Tortuga y a todos los que en ella hemos conocido y tratado, a todos menos a los “puri-puri”, malévolos y diminutos seres voladores, minúsculos puntitos negros que atacan en equipo provocando terribles picores durante días, y que sumados a sus primos los “zancudos” convierten en perfectamente entendible la desesperación de aquel que quería “matar moscas a cañonazos”, que es exactamente lo que te gustaría hacele a estos asquerosos dípteros.
Ahora nos dirigimos a Los Roques dónde recibiremos la visita del hermano del Capi y su familia. Pero esa será otra historia.
Bicos e apertas. Eva y Fran


