Se aproxima la temporada de huracanes en el Caribe (junio-noviembre) y ya no podemos estirar más nuestra estancia aquí, nuestro destino es ahora la costa de Venezuela, protegida y a priori exenta de este fenómeno, aunque sobre los caprichos de la naturaleza no hay nada escrito.
Los huracanes se desarrollan entre junio y octubre, momento en el que la temperatura del agua es más elevada y deben su nombre al dios maya del fuego y las tormentas “Jurakán”, el de una sola pierna. Es el mismo fenómeno que en el Pacífico Sur llaman Ciclón (tomado del chino “dai fùn” gran viento) y que se desarrolla entre los meses de noviembre y abril entre el 5º y el 30º Sur.
En fin, como os decía ponemos rumbo a Puerto de la Cruz (Venezuela) donde sacaremos el barco del agua para darle la patente y dejarlo descansar un poco mientras nosotros hacemos lo propio regresando a casa un par de meses para veros a todos.
Las previsiones meteorológicas son fiables en el mar para 4 ó 5 días, esta singladura debería durar dos escasos así que, aunque siempre queda un pequeño porcentaje para el “factor sorpresa”, esperamos tener una travesía tranquila.


Y así fue, el melodioso ritmo de nuestra marcha parecía seguir el compás de una alegre tonada, mar y velas danzaban sobre un suave alisio y el resto era una luz intensa que volvía todo azul, azulísimo hasta desembocar en un firmamento estrellado y claro que a su vez dio paso a otra jornada azul, azulísima.
Puerto de la Cruz
Una vez en la Marina preguntamos por el responsable, al que habíamos contactado por e-mail desde Trinidad para solicitar plaza en el varadero, pero “infelizmente” no va a poder atendernos, la semana pasada ha sido acribillado a tiros junto con su mujer en la puerta de su casa, no les robaron nada…Ajuste de cuentas. Caso zanjado. Bienvenidos a Venezuela.
-La sangre corre por las calles tanto como el ron o la cerveza, el número de muertos diarios por arma de fuego son equiparables a los de cualquier país en guerra– nos cuenta un taxista con la voz quebrada por la tristeza y el miedo.


P.N. Mochima
Renegociada la varada del barco y una vez que hubieron llegado nuestros billetes de avión para Vigo, zarpamos nuevamente en compañía de Nan Fong (un catamarán francés con el que navegamos desde el rally), rumbo al Parque Nacional de Mochima, (costa Este del país) donde nos admira su paisaje, tan distinto de lo que habíamos visto hasta el momento. El nombre de Mochima se lo dieron sus antiguos pobladores, los indios Cumanagotos, significa “tierra de muchas aguas” y debe ser eso lo que hace de su ensenada un lugar especial. A las playas sólo se puede acceder por mar y excepto el fin de semana resultan tranquilas y solitarias.
Aquí viven del turismo nacional y de la pesca pero han encontrado una fórmula muy bien pensada de hacerlo, veamos: Como viven del turismo no abren los restaurantes más que el fin de semana, y ya que los restaurantes están cerrados los pescadores no trabajan más que jueves y viernes para venderle a estos la pesca, con tal motivo todo el pueblo puede descansar 4 ó 5 días por semana, tiempo que invierten sabiamente en ver la televisión y beberse las ganancias de sus dos intensos días de trabajo. Y los que no viven del turismo ni de la pesca se inventan su propia disculpa para llevar exactamente el mismo estilo de vida. Los taxistas consideran que no tienen que pagar impuestos porque ya los pagan cada vez que compran una pieza para su carro, los comercios cierran a medio día de 12 a 14:30 pero si vas antes de las cuatro casi seguro que aún no ha abierto, y si hay partido mejor que ni vayas. 100 litros de gasolina cuestan 1€, es otra forma de negocio, esta vez internacional a cambio de 3 ó 4 días de travesía al mes. Los bonitos bares de madera que hay en las playas están cerrados porque el propietario vive en Caracas y el encargado se lo ha bebido todo y no tiene qué servir a los hipotéticos clientes. Y así, plácidamente transcurren los días.




Y es que al propio presidente le oímos el otro día asegurar: -Los pobres son los únicos felices, todos aquellos que se complican la vida estudiando y queriendo ganar dinero sólo consiguen un montón de problemas y la infelicidad para ellos y sus familias- Más claro agua.
A nuestro regreso despues de unas "vacaciones" en España acudimos directamente al varadero, sabemos que no podemos instalarnos inmediatamente a bordo pero queremos acelerar dentro de lo posible los trabajos del barco y zarpar cuanto antes. El calor es asfixiante debido a la extrema humedad que se ha instalado en el ambiente, me recuerda a las condiciones que tuvimos en el Amazonas, y juraría que los puñeteros mosquitos son exactamente los mismos.
El encargado nos dijo primero que contrataría una cuadrilla el sábado con idea de poder poner el barco al agua el lunes, pero después cambió de parecer y nos aseguró que como él no podría estar para controlarlos sería dinero tirado ya que no pegarían golpe. Por fin quedamos en que el lunes se pondrían a tope para tenerlo listo el miércoles, lo cumplió, pero lo de “ponerse a tope” fue la risa. El lunes sólo se presentó a trabajar uno de los seis que formaban el equipo. A dos se les habían muerto sus respectivas madres, y no era la primera vez, parece que las madres venezolanas son de pésima calidad; a otro se le averió el carro, aunque según las malas lenguas no tiene coche; sobre el cuarto corría el rumor de que estaba algo resacoso; y el quinto ni se sabe porque cuando el miércoles por fin estuvo todo listo, aún no había aparecido.
Los dos días siguientes nos los pasamos de zafarrancho y una vez que todo estuvo en orden, decidimos marcharnos una semanita a los Andes, a conocer la región y buscar un poco de fresquete.
De camino paramos en Higuerote a visitar a nuestros amigos Betty y José que están allí con su barco "Nan Fong" en un varadero adecuado a las necesidades de los catamaranes, ya que en Puerto de la Cruz no disponen de los medios para poder sacar del agua embarcaciones de tanta manga.



La estación era grande, en el vestíbulo figuraban los paneles que indicaban todos los destinos y al fondo las ventanillas que despachaban los billetes de largo recorrido, los demás se pagaban en el propio autobús al revisor. Dos escaleras opuestas dividían los andenes que iban al norte de aquellos que se dirigían al sur.
Nosotros queríamos ir hasta Barquisimeto, donde dieron muerte en 1561 a uno de los peores hombres que hayan existido, el sanguinario y traidor Lope de Aguirre, sobre el que nadie ha escrito nada positivo o bondadoso. Rápidamente comprendimos que el lugar no parecía haber cambiado mucho desde aquella y decidimos continuar nuestro camino.
Los Andes
Gracias al pintoresco paisaje del que disfrutas desde que llegas a tierras andinas no hay ningún trayecto por largo que sea que consiga hacerse pesado. Y menos mal, porque “cuando no hay puesto tienes que ir parado” (que si no hay asiento vas de pie) y con las carreteritas de montaña que recorren y el estado de las busetas… Pá verlo.



Los cultivos de caña de azúcar de la zona baja van dando paso a los de cacao y café según la carretera asciende. Las haciendas se organizan en torno a un gran patio central donde se pone a secar el grano.
El recorrido está plagado de pueblos y aldeas en las que sería imposible perderse, por un lado las dimensiones nunca te lo permitirían, y por otro no tienes la necesidad de recordar ningún nombre ya que todas sin excepción viven en torno a la ineludible “Plaza Bolívar”, que en los casos más snob pasa a llamarse “Plaza del libertador” así que esta chupao.
Hasta que alcanzas los 3.500mts de altura (donde ya empieza el páramo), la vegetación es exuberante, hay lirios, dalias y orquídeas por todas partes, estas últimas crecen en las ramas de los árboles donde viven ajenas a la sorpresa que le produce a los cuatro turistas que se detienen a contemplarlas ya que para los locales no tiene nada de excepcional. ¿Y qué decir de nuestra tradicional y frágil Flor de Pascua, la planta navideña por excelencia? Aquí son árboles de más de dos metros, en flor permanentemente, y presentes en cualquier jardincillo particular.



Mérida
Llegamos al Parque Sierra Nevada, donde se encuentra Mérida, es una ciudad del tamaño de Vigo con una gran tradición y ambiente universitario, puede ser por eso, o porque en origen se llamó “Ciudad de Santiago de los Caballeros de Mérida”, que todavía es la ciudad más amable de Venezuela y puedes pasearte por sus calles sin problema a cualquier hora del día o de la noche. En vista de que podíamos cenar sin peligro en un restaurante, elegimos uno en cuyo cartel se anunciaba ZUMERÍA-VEGETARIANO, ¡Qué bien, hoy cenaremos verduritas para variar!. Pero resultó que lo único que servían por la noche eran pizzas o pizzas y refrescos, zumos no quedaban ni agua ni cerveza, y vegetariano era sólo para el almuerzo... Pues vale, que sea una pizza.



El viaje de regreso lo hicimos de un tirón, 18 horas en un autobús-congelador, por 60.000 bolívares (20€).
Ya a bordo de nuestro "Zarpas", y ante un parte meteorológico nada halagüeño, decidimos armarnos de paciencia y esperar hasta que el viento amainara un poco y las olas redujeran su tamaño.
Incluso en el fondeo la sensación era de estar navegando, durante cuatro días la lluvia y las nubes nos acompañaron y las olas nos zarandearon a su antojo cual muñecos de trapo. Durante ese tiempo la sola idea de bajar a tierra se hizo inviable debido a la resaca que las olas formaban al romper contra la orilla; así las cosas, matábamos el tiempo jugando al Monopoli y a los dados, y leyendo.
Besos miles y hasta pronto, Fran y Eva


