Travesía prevista Dakar (Senegal) – Salvador de Bahía (Brasil) 2088 millas
Nada más levantar el ancla y sin saber cómo, el barco se llenó de coloridas mariposas que revoloteaban a nuestro alrededor, parecían pequeñas hadas que vinieran a despedirse y desearnos buenos vientos, o al menos a mí me apeteció interpretarlo así. Entretenida en el disfrute de semejante espectáculo los fantasmas del mareo desaparecieron de mi mente y de mi cuerpo, ellas se los llevaron lejos y pude ser una tripulante normal y casi eficaz durante toda la travesía. Y digo casi porque a punto estuve de mandar el barco a pique por un imperdonable error. Menos mal que mi ineptitud quedó compensada por la diligencia y rapidez de respuesta del Capi.


Un par de días después de zarpar, alrededor de las 4 de la mañana yo dormía tras mi guardia, era otra noche de las muchas que tuvimos durante esta travesía que nos obligaba a levantarnos una y otra vez para maniobrar por culpa de los múltiples chaparrones que está emperrado en volcarnos este rabudo cielo. Soy reclamada en cubierta y salgo lo más rápido posible pero completa y absolutamente dormida, el Capi ya se había puesto el arnés, y enganchado a la línea de vida de la cubierta se dirigió a proa para arriar el Spy -En cuanto te de la orden suelta escota- me gritó. Me puse los guantes y esperé, pero ¡estúpida de mí! la mordaza que abrí y el cabo que largué sin pensarlo siquiera un instante fue la driza. El desastre puedo ser monumental de no haber sido por la inmediatez de la reacción de François. La vela de proa se desplomó zarandeada por el viento y cayo directamente al mar envolviendo el casco del barco a toda velocidad. -Remonta la orza, que no se enganche- Y tras no pocos esfuerzos conseguimos encaramarla a bordo.
Creo que en ese momento deseó que hubiera estado mareada.
Los cinco primeros días fueron, por lo demás tranquilos, quizá demasiado ya que el viento no nos acompaña y nos arrastramos a 4 nudos casi permanentemente, Fran ha decidido incluso recurrir a un poco de “viento mecánico” que nos ayude a avanzar.
El día 09.12.05 el Capi escribe en su diario:
-U.T.C. 08:19 Posición 06º05'N 25º13'W. Estancados en zona ecuatorial, rodeados de chubascos y sin gota de viento-


A partir del día 10 el panorama cambia el viento aumenta y viene un poco más del Este, seguimos ciñendo pero nuestro rumbo mejora, 205º, aunque en detrimento del confort, y los siguientes cinco días son realmente pesados; aquí surge la primera y única discusión de la travesía, el capitán acusa a la grumete de “actitud negativa” ¡Hay que jorobarse!, después de meses oyendo (cito textualmente):-Verás a partir de la primera semana, cuando llegamos a las calmas ecuatoriales es como navegar en una piscina, lo malo es que no hay gota de viento y hay que ir a motor pero el incomparable azul del cielo, el agua cristalina bla bla bla-. ¿Y que es lo que nos encontramos? Olas como montañas de un color gris que solo supera el casi negro del cielo, vientos de 25 nudos del sudeste ¡Otra vez a ceñir!, tormentas en el horizonte, y chubascos que nos obligan a arriar velas cada 2 horas por si vienen acompañados de vientos aún más fuertes, para volver a izarlas una vez que escampa; y así día y noche bastante lejos de famosa “Autopista de los Alisios”.


El insomnio dejaba en nuestros ojos -ahora diminutos y enrojecidos- la huella de su presencia. La noche había sido muy dura, en permanente alerta puesto que la tormenta no nos había dado tregua y las enfurecidas ráfagas no nos permitían perder de vista el anemómetro mientras nos debatíamos entre la conveniencia de tomar o no un segundo rizo. A pesar de todo, el día 12 a las 13 horas atravesábamos el Ecuador, y sacando fuerzas de flaqueza lo hicimos como manda la tradición, disfrazados, el capitán de pirata (como no) y la grumete de guerrillera (como no también). Una vez cumplido el requisito, y en vista de que el mar no estaba para alcoholes, lo celebramos con un jamoncito que teníamos reservado para la ocasión. ¡Ya estamos en el Hemisfero Sur!



Un nutrido grupo de pardelas sobrevuela en círculos una zona muy concreta a nuestro costado de babor, el viento nos permite modificar aún un poco el rumbo así que nos acercamos lo más posible con la intención de que haya para todos. No falla, los dos carretes salen en estampida y remontamos un bonito en cada caña.
Los últimos cuatro días vienen a compensar los anteriores, y con un buen mar y un vientito de través que nos da para navegar cómodamente a una media de 7 nudos, comenzamos a disfrutar de la aventura de cruzar el Atlántico. Nos encontramos, y eso si que es raro en medio del océano, un velero belga, "Pareo", que venía de Mindelo (Cabo Verde) y que se dirigía también a Salvador de Bahía, fueron nuestros compañeros de ruta y de cháchara por la emisora el resto del trayecto.


Día 18.12.05, alrededor de las 23:00h. (hora local), “Zarpas” hace su entrada en el puerto de Sao Salvador de Bahía de Todos os Santos. Después de una travesía que ha durado 15 días y medio y en la que hemos tenido de todo (meteorológicamente hablando), ya estamos en el Nuevo Mundo. La acogida que la organización del Rally tiene preparada para cada uno de los 24 barcos que van llegando es conmovedora, corneteo, fuegos de artificio, frutas tropicales, samba y caipirinha. ¿Se podría esperar algo mejor?
En fin, lo primero hoy era contaros nuestra aventurilla, y ahora nos vamos a tomar una caipirinha A VUESTRA SALUD, y a buscar un buen Rodicio para darnos un homenaje carnívoro. ¡Que no sólo de pesca vive el hombre, y menos la mujer!
Besos y hasta pronto. Fran y Eva.










