Navegamos a orejas de burro con el Génova y el Genaker -más bien nos arrastramos, pero de forma suave y deliciosa- y justo en la proa, entre los enrolladores de ambas velas se filtra el sol, un enorme disco que va cobrando fuerza con cada minuto que transcurre; me tumbo en la red y me aprovecho de él el ratito que me lo permite ya que pronto se vuelve implacable y yo huyo en busca de la ansiada sombra. Continuamos rumbo norte explorando la Gran Barrera, cada día que pasa notamos el cambio de latitud, la temperatura aumenta y con ella la humedad que se irá dejando sentir con más aplomo hasta volverse agobiante según nos aproximemos de nuevo al Ecuador, que cruzaremos por 4ª vez en este viaje dentro de unos meses.
La Gran Barrera
Estos arrecifes de 350.000 km2, Parque marino desde 1.981, albergan 350 tipos de coral diferentes entre los que la vida hierve, colorida y festiva. Forman un laberinto tal, que la navegación se dificulta bastante, elegimos las escalas en los lugares dónde las cartas son más claras y los barcos de buceo repletos de turistas no llegan. La pesca está estrictamente controlada, la submarina prohibida 100%, la de caña según la zona, y la comercial muy reducida y sujeta a 3 meses de veda al año.



Al hablar del mar tendemos a pensar en la superficie, pero si existe un fondo al que merezca la pena echar un vistazo es éste que, aún a pesar de que el aumento de la temperatura del agua ha matado buena parte del alga "zooxanthellae" que ayudaba al coral a mantener su vistosidad, resulta un insólito y bellísimo collage formado por los más variopintos personajes. Hay meros patata enormes, dicen que hasta de 150 kg, no los pesamos pero por ahí debía andar la cosa, pargos, barracudas, loros, bonitos, napoleones… todos gigantescos, descomunales y bastante curiosillos, ¿a quién van a temer con esas dimensiones?. Las conchas de los benitiés que hasta ahora eran para nosotros tamaño cuenco, adquieren la desmesurada talla de bañeras, es todo grandioso en estos fondos, me faltan adjetivos. Pena del agua que no tiene la transparencia a la que estábamos acostumbrados (ni la temperatura, apunta el Capi). De todas formas mejor, porque creo que si hubiéramos contemplado con nitidez todo lo que allí reside habríamos salido por patas, al menos esta menda.
Cairns
Durante nuestra escala en Cairns nos encontramos de nuevo a "Lady Anne", un catamarán de franceses que conocimos en Nueva Caledonia el año pasado y con los que hemos coincidido esporádicamente a partir de entonces (incluso nos encontramos en la calle en una pequeña ciudad de Nueva Zelanda). Comen con nosotros y decidimos, puesto que el proyecto es el mismo, hacer ruta juntos hasta Darwin.
Y llega también aquí el momento en el que el Capi comete "Alta Traición contra la Real Corona Española" -y de la manera más deshonrosa posible- convirtiéndose nada menos que en artillero de segunda del Pandora, y ayudando con ello a nuestros ancestrales enemigos inglihs durante la batalla de Trafalgar. Sí sí, como lo oís, ha intentado por todos los medios sobornarme para que este hecho no trascendiera pero yo me debo a mi patria, ¡No como otros!.




Nos preguntábamos por qué la gente acudía a las piscinas y no a la playa, he aquí el porqué
Durante las últimas semanas hemos navegado todos los días, travesías placenteras y tranquilas, de las que crean afición pero… Cual presidente de la comunidad o vendedor del círculo de lectores, el momento de sentarse a la mesa es el que el vientito de las narices elige para dar la lata (por suerte los catamaranes no escoran) y hacernos salir corriendo, con el bocado sin masticar, a tirar de la rienda a las velas. ¿Es que no hay forma de comer en paz en esta casa?.
Flinders Group Islands
Alcanzamos ya el paralelo 13º S, a partir de aquí decimos adiós a la Barrera de Arrecifes y al color índigo de las aguas del Mar de Coral, los fondeos en los escasos islotes que restan son desprotegidos e inconfortables así que hacemos nuestra última escala en las Flinders Group Islands después de una larga jornada de navegación. Sabemos que en la isla norte hay unas grutas con pinturas rupestres que merece la pena visitar, pero no será ahora, necesitamos marea alta para poder desembarcar y además apenas quedan dos horas de luz. Nos levantamos a las 7, desayunamos y allá vamos. Es la primera vez que, fuera de una galería o un museo, disfrutamos de un poquito de arte aborigen, pintan lagartos, cocodrilos, tortugas, y lo que suponemos que representa a un hombre (aunque un poco despeinado). También hay dos barcos de vela, uno de ellos, de dos palos, es una pintura más reciente, ¿será el otro el "Endeavour"?. ¡Vai saber!.




"Cambiamos de orilla" y nos decantamos por las desembocaduras de los numerosos ríos que riegan las tierras altas de la Península del Cabo York, es un territorio inhóspito y agreste en extremo en cuyo interior existen todavía km y km que no han sido jamás explorados. Se que a cualquier mente urbanita le costará creerlo pero durante un mes no hemos visto un alma, ni una casa, ni un cable, ni un can, aunque sí muchos wallabys, un pequeño cangurito que abunda en estas salvajes playas. Ahora me encaja eso de los 4 habitantes por km2. Como dice Fran, "el habitante del norte de Australia se llama niquisque".
Los capis han encontrado una nueva diversión, sumergir sus nasas de reciente adquisición en las márgenes de los manglares que bordean estos ríos para ver si atrapan unos cangrejos con el cambio de marea. Pero no les va a durar mucho… Dingui al agua y vamos a buscar el lugar más propicio. De repente, en la orilla izquierda, en pleno lodazal veo "mi bolso" retozando. Él también nos ha visto, se arrastra sigiloso hacia el agua y se zambulle antes de que podamos acercarnos. Era enorme, es decir pequeño para lo que hay por aquí, pero el más grande que hemos visto suelto, era del tamaño de nuestra neumática. Íbamos cagaditos (con perdón), sentados en el interior y no en los flotadores, no fuera a surgir de las profundidades en medio de una voltereta olímpica para pegarnos un ñaco.
-Vamos, echa la nasa ya que va a oler el cebo nos va a venir a merendar-.
Un risueño “freshie” ó cocodrilo de río
Un discreto “salty” (coco de mar) con el que “compartimos” playa
En Australia viven de otra manera porque han hecho de la amabilidad su bandera, lo primero que invariablemente nos pregunta cualquier local en cuanto sabe que somos extranjeros es -¿Qué tal os trata aquí la gente?-.
Y os puedo asegurar que, medio mundo después, es la primera vez que nos pasa esto. Supongo que en la mayoría de los países nos importa un pito, o lo que es peor, preferimos no conocer la respuesta Estamos ya casi en el Estrecho de Torres, debemos aprovechar mañana para cruzarlo con corriente favorable, fondeamos en la entrada del Escape River para pasar la noche. Aquí hay una pequeña granja perlera en el medio de la nada, yo ya me frotaba las manos pensando en visitarla, pero va a ser que no. Dejamos caer el ancla y una lancha de aluminio cae a su vez sobre nosotros a toda velocidad.
-Seguro que éste viene a decirnos que aquí no se puede fondear-.
Pero nos equivocábamos, haciendo nuevamente gala de la desmedida amabilidad australiana nos previene:
- Atención, hay big crocodiles, no pongan la neumática al agua, no tiren restos de comida por la borda, no se queden en los peldaños de popa ni cerca del guardamancebo, saltan más de tres metros fuera del agua-.
- ¿Y podemos bañarnos?-. No hombre, eso no se lo preguntamos.
El paso de la punta es precioso, queremos disfrutarlo y retenerlo en la memoria porque de alguna manera es un momento mítico de nuestro viaje, nos sentimos tan emocionados como cuando atravesamos el Canal de Panamá, una etapa que se cierra y otra que se abre.

la geografía del Cabo York la imitan sin querer los inmensos termiteros que hay por la zona
El Océano índico nos tiende ya su mano, estrenamos además mar y estado, nos adentramos en territorio aborigen, el primer paso es franquear el Golfo de Carpentaria, familiarmente conocido como la lavadora, y para evitar el efecto centrifugado esperamos una meteo tranquila… ¡Y vaya si fue tranquila! ¡Tranquila de mais!. El viento es débil y muy inestable, nos peleamos con las velas durante tres días y dos noches intentando todas las "combinaciones, permutaciones y aleaciones" posibles, no hay manera, las hemos izado y arriado al menos treinta veces. Los "customs" deben troncharse de risa con nosotros, nos sobrevuelan dos veces por día para confirmar la identidad de las naves y cerciorarse de que todo va bien a bordo, no tardamos en acostumbrarnos a la presencia de su brillante fuselaje, hasta nos hacen compañía. Son muy majetes, la última noche no vinieron, los eché de menos.


El Territorio Norte
El Territorio Norte abarca el tercio central del país y se extiende desde la costa hasta el corazón de éste. 1/3 de la escueta población que lo habita es aborigen, el pueblo más antiguo de la tierra, una cultura que cuenta con 40.000 años de existencia y sobre la que los escasos 2 siglos de colonización anglosajona han conseguido hacer daños irreparables. Hoy no superan los 410.000 habitantes y la esperanza de vida de éstos es 17 años inferior a la de los blancos, ¿y qué tiene de extraño? Pues habiendo sufrido en nuestras propias carnes lo insalubre de este clima, podemos aseverar que nada.
Darwin
Llegamos por fin a Darwin, dejamos atrás el aire caliente, ahora simplemente sentimos calor sin aire. Estamos en la temporada seca pero lo único que tiene de seca es que no llueve, la humedad ambiente oscila entre el 85 y 90% y se torna irrespirable. Esta pequeña ciudad que asombra por su explosión multirracial cumple a las mil maravillas su papel de encrucijada de caminos, es la puerta de Asia a la vez que puente para el mundo anglosajón del hemisferio sur, punto de partida hacia el Outback, y escala ineludible para los barcos en ruta hacia Indonesia, todo esto le da un aire exótico y activo que te invita a callejear a pesar de que los termómetros despidan humo y las suelas se te peguen al asfalto.


Existen 70 lenguas aborígenes, 20 de ellas en peligro de desaparición
La tierra cedida a los aborígenes es un auténtico desierto rojo que se resquebraja bajo el incendiario sol. Parajes polvorientos y asfixiantes donde los contados árboles son grisáceos, con troncos estriados y ramas desnudas y quebradizas, y los escasos animales ven pasar las horas desde sus guaridas instaladas debajo de las inusuales sombras…
Y no sólo sombra es lo que buscan, nosotros teníamos la clara intención de profundizar un poco en esta región pero se nos quitaron las ganas, los que lo han hecho cuentan que las enormes moscas que te asedian hasta la desesperación durante todo el día, no cejan en su búsqueda de humedad y cuando por fin te rindes ¡se te introducen por la boca, nariz y oídos, y se enmarañan en tu pelo!. Así las cosas, nos inclinamos por las cascadas y gargantas del Kakadu Nacional Park (Patrimonio de la Humanidad desde 1972), en cuyas cuevas se refugiaban los aborígenes de la zona norte huyendo de las inundaciones de la estación monzónica, y que contiene una de las más amplias muestras de su arte. Iremos la próxima semana así que xa vos contarei…



















