En el Trópico de Capricornio, justo al sur de la Melanesia y 800 millas al Este de la costa australiana, nos topamos con una barrera de coral de 1.600km de largo que da abrigo a la laguna más grande del mundo, y cuya propietaria es la francesa isla de Nueva Caledonia, territorio de Ultramar cuya población no alcanza los 300.000 habitantes.
De nuevo en Francia, y no es que lo hagamos a posta, es que estos gabachos no dejan de ponernos islas en el medio de nuestro camino. A veces nos preguntamos qué ha sido de todos los territorios españoles, ¿cómo habremos podido perder tanto en tan poco tiempo?. Aunque otras veces nos decimos que menuda suerte, sobre todo cuando observamos, boquiabiertos, el pastón que le cuesta a nuestros vecinos "transpirinaicos" cada año mantener todos estos "caillous".
Realmente fue Cook el primer occidental que desembarcó en la isla en 1.774, pero codiciada por Napoleón III debido a su estratégica ubicación en el mapa del Pacífico Sur, fue colonizada en1853 y desde entonces está bajo mando francés.
Isla Pinos
Cuatro días tardamos desde que dejamos Fidji hasta que avistamos Isla Pinos, la más bella del archipiélago. Las condiciones de navegación no fueron del todo malas pero después de un par de miles de millas en apenas un mes, nunca resultan lo suficientemente satisfactorias. Así pues, atacados de Barcofobia y provistos de un par de pareos, colonizamos a nuestra vez la playa frente al fondeo desde primera hora de la mañanita, sesteamos hasta la hora de comer, y nos metimos un buen filete entre pecho y espalda.






Tras unos cuantos días de merecido reposo (lo de merecido lo digo yo) levamos ancla para recorrer las apenas 70 millas que nos separan de Noumea, la capital. Nos encontramos una ciudad bastante moderna en la que conviven como pueden una mezcla de culturas y razas no siempre bien avenidas. Se trata de un país multiétnico en el que el 44% son melanesios (los Kanak, y los isleños de las pequeñas Wallis y Futuna), y el resto europeos, polinesios y vietnamitas. Su estado oficial de "Colectividad Sui Generis" da una idea del frágil equilibrio en que se vive por estas latitudes. Cuentan con un Congreso y un Gobierno territorial al que se le han ido otorgando facultades y que decide ya sobre unos cuantos puntos clave. Es un proceso lento que culminará en un Referéndum sobre su independencia en 2014.
Los problemas raciales ya nos los habíamos encontrado no pocas veces a lo largo del viaje, pero cuantas más razas y culturas intervienen, más se complica el asunto. En el Caribe al menos sólo había negros, o como ellos exigen ser llamados "de color" o "morenitos". Y digo yo, -pero ¿de qué color son? Pues negro. ¿O a caso ellos no nos llaman blancos?-. Y no sólo blancos, porque nosotros no podemos permitirnos una broma con respecto a eso, seríamos racistas, pero en cambio si ellos nos llaman "Macarrón sin salsa" debemos encontrarlo super divertido.-¿De qué van?-.
Llegando aquí hay para todos, y no es únicamente el color, la nacionalidad también molesta. Los melanesios son los murciélagos ("ils volent la nuit" - en francés el verbo voler significa tanto volar como robar-), los australianos son pochettes (bolsillito en francés, - por los canguros-), los neozelandeses son los kiwis, los franceses de la metrópoli orejas ya que están aquí y en Francia (entendiendo la tierra como una cabeza) etc, etc.


Una buena mañana decidimos alquilar un coche para recorrer la isla durante unos días. Salimos de Noumea sin un plan preconcebido pero prestos a seguir las indicaciones que unos y otros nos habían dado sobre qué visitar. La isla no es tan pequeña como a priori puede imaginarse, y la idea de hacer kilómetros y kilómetros en coche vagando por lugares sin interés no nos atraía mucho, además acabábamos de hacerlo en Fidji. Si por algo es mundialmente conocida Nueva Caledonia, es por el famoso corazón verde que el fotógrafo francés Yann Arthus-Bertrand eligió como portada para su libro "La Tierra vista desde el cielo" Corazón de Voh, pero el interior de la isla en cambio es montañoso, terracota y polvoriento, surcado de ríos y refrescantes cascadas de diversa envergadura. Su suelo es rico en minerales, especialmente en níquel, cuya explotación (siempre al aire libre) y exportación es una de las principales actividades del país.
En la región del norte es donde más aborígenes hay, se instalan en tribus y desarrollan su vida a la manera tradicional, viven de la agricultura y la ganadería, habitan en "La case" casa redonda con dos columnas de madera talladas a ambos lados de la puerta, y que es uno de los símbolos más fuertes de su cultura, junto con sus dialectos Kanak y sus danzas Wapan que conservan y utilizan cotidianamente.






Las instalaciones de picnic salpican el paisaje desde que dejas la ciudad, pero no así los hoteles. Y veréis por qué digo esto, resulta que tan acostumbrados como estamos ya a llevar la casa a cuestas, lo de reservar hotel nos pareció un compromiso exagerado al que no estábamos dispuestos. ¡Malo será!.
Que ya se ha convertido en nuestra expresión favorita. El caso es que la última noche a punto estuvimos de dormir en el coche, si no llega a ser por la caridad de un pequeño hotelero vietnamita, propietario del único y repleto establecimiento (de ocho habitaciones) en 80km a la redonda, que conmovido por nuestros ruegos nos instaló dos confortables colchones en el suelo de la salita contigua a la recepción (ver foto). Y lo más imprudente no fue eso, lo peor es que en ningún momento se nos pasó por la cabeza que la totalidad de las no pocas gasolineras que circundan la isla cierran a las 6 de la tarde para nosotros, 18h de la noche para ellos, con lo cual ¡y sin velas! no hubiésemos tenido escapatoria. Habríamos sin duda pernoctado en el vehículo motorizado de cuatro ruedas "a velas vir".
De vuelta en la ciudad la huelga continúa, hace un mes que todo el funcionariado está de huelga, colapsando servicios y papeleo. La situación se ve agravada por el hecho de ser una isla ya que casi ninguna mercancía entra, ni por mar ni por aire. ¡Y total que sólo piden un aumento de entre 700 y 3.000 € al mes!. Dependiendo del rango, claro está.



La fauna de Nueva Caledonia es riquísima, cuenta con más de 4.000 especies (o eso dicen); entre todas ellas hay dos que destacan, el Cagou, es el pájaro emblema del país, normalmente gris, con cresta, grita como una gallina y no vuela; una joya vamos. El segundo de ellos es un quiróptero, volador en este caso, el mundo al revés, le llaman Roussette pero para entendernos se trata de un gigantesco murciélago vegetariano que lógicamente sólo vuela de noche y la primera vez que lo vimos creímos que era Batman en persona, ¡qué susto!. Como decía mi hermana cuando era pequeña "mira, es un vampiro"
Nosotros seguimos prefiriendo el susurrante reino submarino, cuando te sumerges en él disfrutas del callado rumor del agua y te evades del mundo, si bien el grado de relajación ya no es el mismo; hay que estar siempre un poco vigilante y a ser posible armado porque como suele repetir el Capi, los tiburones que aquí moran tienen "Mala leche y poca vergüenza".





Hace unos meses alguien se merendó a una chica, dicen que no fue culpa de él, que raramente atacan, que se confundió de presa y que lo que buscaba eran los restos de la barbacoa que la pobre infeliz acababa de vaciar en el mar. Yo por si acaso no me baño sin las aletas, según parece en caso de necesidad puedes conseguir ahuyentarlo palmeándole en las narices, que no les gusta nada.
No se, las mías no son muy largas… Y ellos en cambio 4 m de media, hay Blancos, Macos, Toros, Tigres y Limones. Nada que ver con los dóciles Gatas o Puntas negras a los que estábamos habituados.
De todas formas es mejor ir pensando ya en los cocodrilos australianos, de 7 m y veloces como el rayo. Pues que se anden con cuidado porque puede que me haga un bolso o unos zapatos.
Y colorín colorado, bla bla bla.



















