Cabo Tiburón marca, además de la frontera entre Colombia y Panamá, el comienzo de la comarca de San Blas que se extiende de sur a norte abarcando 200km de la franja costera atlántica panameña y un extenso archipiélago coralino conformado por más de 300 islas.
Todo estaba calculado para que nuestra llegada se produjese al amanecer y poder sortear con la primera luz del día la fortaleza de arrecife que protege el archipiélago, todo excepto el viento. Durante el día disfrutamos contemplando cómo el ritmo ágil de las velas se convierte en telón de fondo de nuestra travesía, pero llega la noche y los barcos continúan a 8-9 nudos, llamamos por radio a "Nan Fong"y a "Flam": -Chicos, si continuamos a esta velocidad estaremos en San Blas a las 3 de la mañana como muy tarde-.
Todo el mundo de acuerdo, reducimos, le metemos un rizo a la vela mayor, dos rizos, pero todo sigue igual, así que la arriamos y nos conformamos con el Génova, ¿conformarnos? Avanzamos a toda pastilla, finalmente con un "pañuelito"en proa conseguimos controlar la velocidad un poco, 5 nudos, a las 6 de la mañana habíamos llegado. Un sueño hecho realidad, ésta era una de las etapas que bajo ningún concepto nos queríamos perder.

Los orígenes de los indios kuna no están claros pero las informaciones más fiables los sitúan hace unos 4.000 años en Sierra Nevada (Colombia), desde donde se habrían ido desplazando hacia el oeste huyendo de la malaria y del hombre blanco hasta establecerse aquí a mediados del sigo XIX, aunque no fue hasta 1953 cuando lograron la autonomía de la República de Panamá. Hoy en día, después de múltiples intentos fallidos de aniquilarlos, aunque con una población seriamente diezmada (unos 60.000 habitantes), Kuna Yala es su pequeño país, y el Tulekaya su hermética lengua.
Caledonia
Nuestra primera escala, Caledonia, resulta ser la de los listillos. -¡Empezamos bien!-. Es la comunidad más próxima a Colombia y reciben de allí turistas con relativa frecuencia así que Don $ se ha impuesto, nos espera ya el "guía turístico"a bordo de su piragua que agita orgulloso una hoja de tarifas en inglés y francés:
- Fondeo 10$ (independientemente del tiempo te quedes).
- Visita del poblado 3$/pers.
- Cámaras de fotos o video 1$/unidad.
-¿Pero dónde está nuestro soñado paraíso indio?-. Finalmente negociamos y, a cambio de una camiseta "Carrefour" y una visera "Redcom" logramos no pagar más que el fondeo, ¡que ya está bien! 10$ x 3 barcos… 30$ ¿no?. Como primer contacto y después de una noche sin dormir, los ánimos de la expedición se vieron sensiblemente dañados, pero fue un caso aislado, en ningún otro lugar de los múltiples fondeos que hicimos a lo largo y ancho de San Blas durante casi 6 semanas se repitió esta situación.


Aeropuerto de Porvenir - Kunayala
Esa misma tarde después de una soberana siesta, con el buen sabor de boca que nos dejó la "gratuidad de la entrada" y muertos de curiosidad, bajamos a visitar el poblado. Lo primero que nos llama la atención es que casi nadie habla español, sólo algunos hombres y en general de manera muy básica.
Detrás de sus tejados de palma descubrimos una sociedad sencilla y lógica, bien organizada. Una de las pocas que conserva intactas sus costumbres y tradiciones. Soberanos en su diminuto reino, dictan sus leyes. Las funciones de hombres y mujeres están claramente definidas, mientras ellos se ocupan de los asuntos de la comunidad, los cultivos y la pesca para alimentar a su generalmente numerosísima familia, ellas se dedican a los asuntos privados, gestionan la economía familiar, atienden a los hijos y las tareas cotidianas de la casa, y cosen molas para su uso y para la venta.


En el trayecto de vuelta al barco no cruzamos una palabra, llevamos la sonrisa dibujada en la cara pero ninguno dice nada. Habíamos oído a otros navegantes hablar de estos indios, pero no puedes imaginar que en pleno siglo XXI mantengan unas costumbres tan arraigadas y un estilo de vida tan tribal. El turismo aquí no llega, no lo permiten. Son dueños de su tierra y no negocian con ella, y con los barcos han sabido establecer un ten con ten que les conviene y no altera su pequeño mundo. Vienen a nuestros barcos, remando en sus cayucos para vendernos Molas, pedirte que les cargues el teléfono móvil o cambiar pesca por pilas. No tienen electricidad, aunque algunos se sirven de baterías de coche para instalar una pequeña bombilla y pco más.
Las molas son una de las artesanías tradicionales más admirables y nacen, como no, del recato del hombre blanco en posesión de la verdad absoluta -Hay que civilizar a estos indios- sentencian los curitas, y hop!, todo el mundo a vestirse. Estas mujeres vivían con el torso desnudo luciendo pinturas corporales con formas geométricas y de animales, cuando las obligan a ponerse blusas reproducen en ellas los dibujos que antes se pintaban. Se trata de una minuciosa técnica en la se que superponen desde 2 hasta 5 capas de tejidos de diferentes colores cortando el contorno de los dibujos y cosiéndolos con finas puntadas de hilo, casi invisibles, del color exacto de la tela. Los motivos y tonalidades se han diversificado pero las más valiosas siguen siendo las que representan escenas de la vida cotidiana, figuras geométricas, o elementos de la naturaleza (animales y flores). Para coser una mola de calidad dedican entre tres semanas y dos meses de trabajo.



Aquí, como en tos laos, es la mujer la que manda, son propietarias de las casas y la línea hereditaria se sucede de madres a hijas, por ello el nacimiento de una niña supone siempre una gran fiesta. Llegada la pubertad ellas se cortan el pelo (se diría que con los dientes) y reciben su nombre kuna oficial. Cuando una pareja se casa él se va a vivir a la casa familiar de ella pasando entonces a trabajar para su suegra hasta que pueda construir una propia. ¡¡Y esto os va a encantar, chicas!! la separación de un matrimonio (aunque no se da mucho) es posible y fácil siempre que sea ella quien lo decida, no tiene más que poner los efectos personales de su marido en la puerta para hacerle entender que debe marcharse. tomaaaa. Los matrimonios con extranjeros están muy mal vistos, la comunidad no los acepta y la pareja debe partir a vivir lejos de territorio kuna. La voluntad de mantener una raza pura es su consigna.
Las dos semanas siguientes nos dedicamos a saltar de Cayo en Cayo parándonos unos cuantos días en los más bonitos, son como ya he dicho más de 300 por lo que resulta imposible visitarlos todos. Además es imprescindible navegar de día y a ser posible por la mañana, momento en el que resulta más fácil identificar los bajos debido a la posición del sol. Como bien nos había advertido nuestro amigo Cocua, -Las cartas náuticas de San Blas son pura fantasía-. Y así, los chicos pescando y nosotras comprando molas, los días se suceden apaciblemente.




-Nuedie- (buenos días) oyes a menudo desde el barco sin percatarte de la llegada de nadie, son sigilosos y discretos pero muy curiosos. Llegan a bordo de su úlu con el que intrépidamente recorren varias decenas de millas cada día, a menudo con el mar bastante agitado; estas pequeñas piraguas se tallan en una única pieza vaciando un tronco de cedro o de caoba, es su único medio de transporte y representa una parte importante del patrimonio familiar. Los que tienen la posibilidad, instalan un pequeño aparejo y una "vela"de fabricación casera hecha con retales de telas. Los menos cuentan con un pequeño motorcito fuera borda, pero de poco sirven, los oyes renqueantes y asmáticos luchar contra los fuertes vientos sin apenas avanzar.
Les gusta que los visites en su isla pero también visitarte a bordo, te ofrecen que compres molas, bananas o cocos, y te piden que les regales revistas los mayores y galletas los peques.



La famosa frase brasileña "Tu vida vale menos que un coco" (por el número de muertes que la caída de este fruto provoca) no tiene ningún sentido en Kuna Yala. El coco es su moneda de cambio (7 cocos 1$) y supone una gran parte de sus ingresos, por ello se cuidan de no arrancarlos jamás de los cocoteros sino que los recolectan una vez caídos. Este sistema ayuda a que incluso los cocoteros más jóvenes produzcan gran cantidad de frutos cada temporada. La producción anual es de unos 30 millones de piezas. Aquí de los cocos se aprovecha todo: el agua, el aceite y la carne se utilizan en la cocina, ambas cortezas como combustible -de ahí ese permanente aromilla a "Coco Fume Chanel" que lo invade todo-. Incluso indirectamente sirve de insecticida, ya que la humareda que provocan mantiene a raya a los abundantes e incómodos mosquitos, y finalmente las hojas para construir techos y escobas.
Continuamos nuestra ruta hacia el norte, infinidad de islotes de arena blanca impoluta y sin una huella se extienden a lo largo de nuestro costado de Estribor, los cocoteros azotados por el viento desbordan los cayos y van a bañar en el mar sus ramas más bajas. Las islas del Oeste son magníficas, Cayo Coco-Bandero, Cayo Holandés, Cayo Limón, Rio Sidra… consiguen que nos arrastremos de fondeo en fondeo sin ganas ningunas de partir. En esta región las islas están habitadas únicamente por una familia o dos que se encarga de la recolecta de los cocos caídos y por supuesto de mantenerla impecable, como todo su territorio. Son las islas que las familias prefieren que se les adjudiquen ya que el viento sopla todavía más fuerte y la elevada recolección de cocos está garantizada.



Y casi sin darnos cuenta llegó la Nochebuena, y con ella la Navidad. Fue casi como estar en el terruño, llovió llovió y llovió, tanto llovió que tuvimos que cenar dentro. Cenamos salmón ahumado y confit canard, lo regamos con un Chandon fresquito de la casa Möet pero made in Argentina (embotellado para Sudamérica y mucho más barato). Además Cris hizo polvorones, Betty una especie de brazo de gitano relleno y bañado en choco típico de la Navidad francesa, y yo un roscón. ¡Chúpate esa!.
El año lo recibimos también juntos "Nan Fong", "Flam"y "Zarpas"con un menú igualmente delicioso que no voy a detallar en honor a la síntesis. Eso sí, celebramos a las 6 el fin de año europeo, y a la medianoche local el de aquí, brindando por nuestro inminente paso al Pacífico y acompañado de bengalas, una de las cuales, lanzada certeramente casi hace que el archipiélago de San Blas pase a estar formado por 299 islas... Pero esa es otra historia.




¿Qué son esos bostezos? ya se, ya se, que corte del rollo de una vez, vale, capto la sutileza, colorín colorado bla bla bla…
Besos a todos del Capi y la grumete y hasta la próxima, que os escribiremos ya desde el Pacífico, ¿cuántos habéis recibido una carta de alguien que esté en ese océano? Vale ya corto. Ciao




















